Por José Manuel Valle
Cuando la sombra avanza silenciosa,
y el tiempo pierde su seguro paso,
parece cada instante un breve ocaso
sobre la piel del alma temblorosa.
La voz del mundo suena más hermosa,
más leve el peso de fracaso en fracaso;
y aquello que juzgábamos escaso
se vuelve luz sencilla y generosa.
Entonces comprendemos, de repente,
que vivir no era un premio ni una guerra,
sino un fuego prestado y transparente.
Y mientras el reloj su marcha cierra,
mira el corazón, sereno y consciente,
como el amor perdura y no se entierra.
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[1]
Fotografía, de
www.shorpy.com.




