CARACOLA
Para Carolina,
en Langosteira.
Tu bóveda es la deriva,
gozne y yunque del tiempo.
Aunque un arco de nácar
nos guiña entre guijarros,
hoy tu cuerpo es la cripta
que encierra el batir del alba
y el afán de las mareas.
La torpe mano del niño
exhuma tu arquitectura
apuntalada en silencio;
y en ritual inveterado,
fijo en la memoria ausente,
libra el cepo de las olas
atrapado en tus entrañas.
Catedral de ecos rotos,
tráenos las simas del mar.
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[1]
Fotografía, de C. M. Moreno.




