domingo, 13 de noviembre de 2016

XXX. VIENTO DE CEDRO

La dureza del asfalto
preña las muecas,
los gestos sobreactuados;
aparca su anhelo de rebajas,
su abulia enmascarada,
en un trueno callejero.

Levitan inertes en el aire,
fundidas con las nubes,
consignas inflamadas…

Y pudiéramos pensar que con ellas,
se disuelven los motivos:
el tuétano mordaz de las bombas
sobre los que sirven de diana,
la siniestra dentellada del hambre
en los que sólo roen saliva
o el gélido abrazo de la noche
a quienes la viven sin techo.
Y no.

El hierro sigue engrosando
su infame nómina
sobre el mismo llanto seco.

Pero la ciudad se pudre en su ombligo,
en un escupitajo de cánticos rimados
con su colesterol,
           con su envidia,
                      con su hipocresía.

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